La Batalla de Bicoca
Grandes Batallas de la historia. La Batalla de Bicoca.
Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico tenía su
atención fija puesta en el milanesado, una zona de dominio francés la
cual ansiaba poseer y sobre la que creía fervientemente tener el derecho
legítimo de regentar. Irremediablemente ante este hecho el Imperio
Español entró en guerra contra el Reino de Francia cuyo objetivo era
dominar toda la Península Itálica. Carlos I consiguió un potente aliado,
el papa. De esta forma se creó una gran coalición que aglutinaba las
fuerzas españolas, las alemanas y las papales a cuyo mando estaba
Próspero Colonna oficial del ejército español. Con un ejército, que tras
ser reforzado, llegó a ser de 18.000 hombres puso rumbo a Milán y ante
la posibilidad de sufrir grandes pérdidas tomando la ciudad, decidió
aislarla cortando sus líneas de comunicación.
Por su parte
las fuerzas francesas también tenían un potente aliado, Venecia, cuyas
fuerzas combinadas con las galas sumaban una cifra cercana a los 25.000
combatientes de los que muchos eran mercenarios suizos los cuales se
quejaban constantemente de la tardía en la que llegaban las pagas por lo
que las deserciones comenzaron a ser un gran problema para el alto
mando francés.
Guerra: Guerra de los cuatro años.
Batalla: La Batallad e Bicoca.
Fecha: 27 de Abril de 1522.
Lugar. Bicoca, Italia.
Resultado: Victoria española.
Clave: Superioridad de las armas de fuego
Beligerantes | |||
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Franco-suizas: más de 3.000 muertos.
Imperiales: 1 muerto.
La Batalla de
Bicoca supone un antes y un después en la historia militar junto con la
Batalla de Ceñirola. Las armas blancas comenzarán desde entonces a
perder progresivamente el protagonismo que históricamente han tenido en
favor del plomo. Las armas de fuego portátiles comienzan a ser a partir
de la Batalla de Bicoca las grandes dominadoras de los campos de batalla
y ningún ejército a partir de entonces podrá poner tal afirmación en
entredicho.
La batalla
tendría lugar al norte de Milán, fuera de sus muros, en una pequeña
localidad hoy absorbida por la propia Milán llamada Bicoca.
El mando
español, personificado en la figura de Próspero Colonna decide no atacar
frontalmente la formación de piqueros suizos que por su parte debido a
la falta de pagas, exigen una batalla inminente. Sabedor de esto,
Colonna sitúa el grueso de sus tropas en lo alto de una loma. Los
piqueros suizos son junto a los tercios españoles , la
mejor infantería del mundo. Sus cuadros perfectamente formados y muy
disciplinados han sembrado el terror en los campos de batalla desde hace
dos siglos y los ejércitos enemigos se lo tienen que pensar mucho a la
hora de atacar dichos escuadrones de frente. Sin embargo, sus técnicas y sobre todo su equipamiento comienza a estar obsoleto.
Sabedor de la
situación, Colonna permite una carga frontal de los cuadros de picas
suizos mientras que sus tropas se limitan a mantener terreno en posición
defensiva. Los piqueros suizos avanzan confiados en una fácil victoria
pues se creen superiores y saben que les ampara otra superioridad mayor
aún, la superioridad numérica. Sin embargo, en cuanto los suizos
comienzan a subir la pendiente que les separa del ejército imperial, su
ritmo tiene que decrecer para mantener la formación y su avance se
ralentiza considerablemente. En cuanto los suizos están al alcance del
fuego de los arcabuces españoles, estos abren fuego simultáneamente
descargando una andanada de plomo que diezma considerablemente las
fuerzas helvéticas. Detenidos en seco por la caída de sus camaradas de
primera fila las formaciones suizas son un blanco fácil para las armas
de fuego españolas incluida la artillería. Es entonces cuando las bajas
suizas aumentan al ritmo que les permite a los españoles el recargar
desatándose una auténtica masacre entre las filas del país alpino.
Los suizos se
tienen que retirar del combate sin ni siquiera presentar batalla, la
matanza se cobra la vida de al menos 3.000 suizos sin que ningún
español, alemán o italiano aliado, fuese hecho herido, muerto o
prisionero por la fuerza enemiga. La única baja que tuvo que lamentar
las tropas imperiales fue la de un muerto por culpa de una coz de una
mula. Desde entonces el término "Bicoca" se utiliza como sinónimo de
algo fácil.
Es importante
destacar que era la primera vez que los cuadros suizos se tenían que
retirar de una batalla lo que sin duda fue un gran logro para el
ejército imperial de Carlos I, logro que vaticinaba un cambio de época
en el dominio de los campos de batalla. La pólvora y los Tercios
españoles se perfilaban como los grandes dominadores de la nueva guerra.
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